ENTIERRO DE LA SARDINA

El entierro de la sardina, es relativamente reciente en comparación a los años que se lleva celebrando el carnaval en Miguelturra. Tampoco existen documentos de su celebración en otras localidades del territorio nacional, aunque hay historiadores que lo relacionan con el entierro de la cerdilla o el cerdillo, consistente en enterrar partes de un animal para dar inicio a la cuaresma, dejando atrás las fiestas carnestolendas, esta tradición se celebraba en el siglo XIX.

En nuestra zona, La Mancha, lo cierto es que no ha existido tradición de celebrar el entierro de la sardina y mucho menos durante las épocas de prohibiciones, en donde desfiles y concentraciones no estaban autorizadas, siendo perseguidas para impedir su celebración.

Será en 1982, cuando un pequeño grupo de carnavaleros en su mayoría pertenecientes a la Peña la Cabra, deciden seguir con las celebraciones del carnaval en Miguelturra, ese miércoles de ceniza, salen a la calle y tal como nos cuenta el Rey del Carnaval, Serafín, “esto se hizo hecho y pensao“.

Una caja y dos palos, constituyen la caja fúnebre, una sardina fresca es la primera difunta. Pepe Pichón y Pepe el Lobo la portarán a hombros, Cruzín, Paco Molina, Sagrario, Jesús Montera, Calañas, Miguel, Serafín, Merce, Encarni, Josito, Pepillo, Venancio, Pancilla, Sagrario y Antonio, componen el primer desfile fúnebre de la sardina en Miguelturra.

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1982. Primer entierro de la sardina

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1982. Primer entierro de la sardina

El duelo tiene lugar en el Bar-Restaurante el Ganadero, desde donde se inicia la salida del cortejo fúnebre hacia las calles céntricas de la localidad, bajando por la calle Toledillo. Desde entonces y respetando la tradición, es el punto de inicio del Entierro de la Sardina de los carnavales de Miguelturra.

En 1983, se incluirá en los programas de festejos del carnaval y siempre organizado por la Peña la Cabra, confeccionándose una sardina de 6 metros de longitud, convirtiéndose en un acto tradicional  del carnaval churriego y pionero entre los carnavales de la zona, extendiéndose al resto de los carnavales de la región.

Con su inclusión en el programa carnavalero, el cortejo fúnebre, es acompañado de una charanga que da alegría y color al evento, para el disfrute y alboroto de los dolientes de la desdichada sardina.

Durante los años de mayor afluencia y participación en el entierro, principalmente debido a la gran afluencia de multitud de curiosos de poblaciones en donde no se celebraba el evento, se llegaron a confeccionar hasta tres sardinas de 6, 4.50 y 3 metros de longitud, acompañadas de dos charangas.

En la actualidad, se confeccionan dos sardinas, una de 6 metros y otra infantil de 1.80 metros.

La marcha fúnebre, recorre las céntricas calles de la localidad entre penas y alegrías, llantos, risas, sollozos, algún que otro desmayo y sobre todo, algarabía. Los dolientes terminan el recorrido en el tradicional crematorio, en donde tanto la sardina mayor como la infantil, serán incineradas.

Mientras dura la cremación de las desdichadas sardinas y para reponerse del disgusto de tan fatal suceso, los asistentes pueden degustar de unas buenas sardinas asadas, acompañadas de un buen vaso de limoná para ahogar las penas.